
Entonces, y luego de mucho esperar el toque final a su castillo de naipes se dio cuenta que la ultima carta de la torre nunca sería puesta. Supo inmediatamente que todo fue parte de un anhelo mutuo pero no más que eso… le faltó ilusión, un poco de inmadurez para dar el paso; lamentablemente a el no.
Cuando se dio cuenta que finalmente ella no volvería sintió que todo el castillo de ilusiones se venía abajo estrepitosamente, ya no lo podía mantener inconcluso por más tiempo, fueron demasiadas noches en vela esperando aquella última carta, fueron demasiados escenarios que su mente, en aquellas noches de celos, había estudiado detalladamente; fueron demasiadas tardes de preguntas relacionadas a donde estaría ella, que estaría haciendo en ese momento.
El luchó cada día y cada noche por mantener todas las cartas en su lugar, siempre trató de sujetar cada una de ellas pero no le fue posible, ya que para eso se necesitaban cuatro manos y el solo tenía dos, entonces sufrió y sintió que ella nunca debió alimentar sus ilusiones de esa forma, se sintió como un niño, y peor que eso, se sintió como un niño tonto, lo que hizo que la rabia se apoderara de el, amor y odio, ambos sentimientos que nacen de la misma naturaleza animal.
- Ándate a la conchetumadre maldita!!
Fue lo último que el le dijo, luego de eso horas y horas escuchando la misma canción,
Acero templado en el alma, no más palabras, no más amor, no más castillos de naipes.
Powered by
Castpost